Tras siglos de leyendas, mitos y secretos sellados bajo tierra, arqueólogos cusqueños han hallado lo que sería la entrada original de la enigmática Chinkana, el pasaje subterráneo que, según documentos y tradición oral, habría conectado la fortaleza de Sacsayhuamán con el templo del Qoricancha. El hallazgo se ubica en el sector H del parque arqueológico, donde se concentran nuevas excavaciones dirigidas por los arqueólogos Jorge Calero y Mildrer Fernández.
Las evidencias son contundentes: piedras ajenas al entorno inmediato, fragmentos líticos colocados, un pasaje tallado en forma de arco y un tramo colapsado que mostraría señales de haber sido destruido con explosivos. Todo apunta a una intervención militar ocurrida entre 1841 y 1842, bajo órdenes del entonces prefecto del Cusco, el general Ramón Castilla, quien habría ordenado sellar la Chinkana tras la muerte de tres jóvenes perdidos en sus profundidades.
“Esto no es un mito. Estamos frente a un hecho histórico documentado, con respaldo en crónicas del siglo XVI al XIX y pruebas arqueológicas actuales. El túnel fue tapiado, posiblemente con pólvora, por orden directa de Ramón Castilla”, afirmó Calero al programa Simple y Claro de Nueva TV Nacional.
El relato coincide con los testimonios del viajero e investigador estadounidense Ephraim George Squier, quien visitó el Cusco en la década de 1860.
Squier refiere que el entonces prefecto no solo habría sellado el acceso subterráneo, sino que también permitió exploraciones previas a su mandato presidencial.
Según el equipo arqueológico, el túnel tendría un recorrido aproximado de 1.750 metros, conectando dos de los espacios sagrados más importantes del mundo inca. Las excavaciones actuales —realizadas con apoyo de geólogos, geofísicos e ingenieros estructurales— han confirmado que la profundidad del acceso supera los 10 metros.
El sector donde se trabaja es fundamental. Registros coloniales lo describen como el lugar de la “boca de la serpiente”, parte de una estructura ceremonial tallada con forma de cabeza de serpiente con la boca abierta. Según la leyenda, fue construida por amor para la esposa del Inca Huayna Cápac.
Además del túnel, los arqueólogos han identificado un estelario o plataforma ritual alineada con constelaciones y ciclos solares. Todo el conjunto representa la presencia de un templo femenino de uso ceremonial, profundamente vinculado con el cosmos, el tiempo y el poder ancestral.
“¿Por qué alguien taparía un lugar sin valor? Lo que hallamos aquí es sagrado. Tiene orientación astronómica, arquitectura trabajada con precisión, y signos claros de haber sido usado intensamente en época inca”, añade la arqueóloga Fernández
El hallazgo —que ya ha generado atención nacional e internacional— podría marcar un antes y un después en la arqueología andina. Si bien aún no es posible determinar cuánto tiempo tomará alcanzar una cámara principal o trazar con certeza todo el trayecto del túnel, lo cierto es que, por primera vez en mucho tiempo, la historia y la tierra están comenzando a hablar.


